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viernes, 6 de julio de 2018

Sobre Encantos y Brujerías






Parte I

“Curiosidad y algo más”

por

Alí Hernández Abrahan




Los venezolanos en líneas generales poseemos una atracción telúrica por lo sobrenatural, gran parte del país practica o ha practicado algún tipo de rito, o ha asistido a alguna sesión de corte esotérica, en donde “el arte de la adivinanza del futuro” estuviese presente. Por curiosidad, por ingenuidad o por desesperación, se busca el último recurso ante las dudas y angustias que nos depara alguna incertidumbre o problema, casi siempre relacionado con la salud, el amor o el dinero.

Acudir a un “brujo o bruja” o a un vidente experto en el Tarot, las runas o los caracoles,  cualquiera de esos oficios de magia, pareciera ser un paso de iniciación que a la mayoría, a pesar de sus creencias religiosas, se ve tentado a explorar alguna vez en su vida.


Esa atracción hacia lo mágico, tiene como fin último crear alguna esperanza positiva sobre nuestras vidas. Al parecer la religión que se profesa no  satisface la ansiedad de escuchar algo que nos permita creer que el problema ciertamente se va a resolver, porque existen fuerzas sobrenaturales que de algún modo se expresan a través de esos artilugios que son manejados adecuadamente a veces por personas estafadoras, otras, por gente que de alguna u otra forma han manifestado a lo largo de sus vidas algunos “talentos” o “dones” que lo inclinan a dedicarles su vida a estos menesteres.

En América Latina, se han manifestado muchísimas personas con estos tipos de “poderes”. En fin, la mayoría de los seres humanos se fascinan hacia lo “mágico”, el mundo se entretiene leyendo literatura con este corte, Harry Potter, El Señor de los Anillos, etc. En donde la Magia, los magos y hechiceros son los protagonistas principales,  sembrando algún tipo de sueño en los creyentes, lleno de esperanza positiva, que haga realidad tanta fantasía en sus vidas.

Mi relato tiene que ver con esto, siempre encontraremos a alguna persona cercana o lejana que nos cuente una historia sobre sus experiencias al respecto, algunas divertidas, otras no tanto. Estos cuentos los guardan celosamente y no se atreven a hacerlos públicos, sino bajo juramentos estrictos a sus más íntimos amigos, por miedo al ridículo y a la burla, además del temor de pasar por ingenuos o ignorantes, cuestión que no critico, pero que a mi parecer, solo es una experiencia sobre cuestiones que uno tiene que vivir, “sufrirla” o “disfrutarla” según sea el objetivo de la misma, como quien dice, experimentarla en carne propia para poder opinar o criticar tales experiencias.

Por mi parte, en mi juventud siempre mantuve una curiosidad casi obsesiva por estos temas, buscando respuesta ante tantas interrogantes que me formulaba en aquel entonces, sobre todo por algunas experiencias personales que me inquietaban y que quería saber por qué me sucedían o les pasaban a personas muy cercanas a mí entorno.

He escuchado a lo largo de mi vida, relatos extraños sobre sucesos paranormales que me llevan a investigar hasta qué punto son ciertos o en cuales la imaginación o la sugestión les juegan a sus protagonistas una mala pasada.

En escritos anteriores, en mi blog, he mencionado brevemente, algunas de mis experiencias sufridas en mi niñez y en mi adolescencia temprana.
Durante mucho tiempo escuchaba a mis amigos cercanos que habían visitado una “bruja”, (al parecer los brujos no son muy comunes), que les había leído las cartas o el tabaco, siempre respeté sus creencias, creo que aquellos que se burlan, en el fondo, son unos cobardes que le temen a lo desconocido. 

 Pero había en mí cierto temor o rechazo debido a mi Fe católica, que presionaba sobre mi natural inclinación hacia la investigación. Indudablemente mis creencias cristianas siguen intactas, pero no dejo de pensar que en el Universo existen aún miles de incógnitas por resolver, y que del mundo de Dios apenas sabemos un mínimo para comprenderlo y amarlo. ¿Cómo hablar sobre algo de lo cual nunca he presenciado o experimentado? ¿Hasta qué punto es verdad o mentira los relatos de mis amigos?


La poca literatura seria sobre el tema es muy escasa y breve, además de tener un enfoque  determinista y sesgado, que juzga a priori tales creencias.

Ante todo lo expuesto, decidí que en la primera oportunidad que tuviera, iría a visitar a una bruja que me leyera las cartas o el tabaco, en fin, para ese entonces me daba lo mismo ambas cosas.

Trabajaba en esa época como gerente de publicidad y ventas del diario “El Informador” de Barquisimeto, en ese  entonces me había habituado a realizar ejercicios de meditación, casi a diario, lo hacía en mi casa en horas de la noche cuando todos dormían y nadie podía interrumpirme. Sobre esas experiencias escribiré en otra oportunidad.

Por alguna razón, este hábito de meditar, me ayudó a sentirme mucho más confiado cuando asumía a estudiar fenómenos paranormales, la verdad es que no tenía miedo, de alguna manera me sentía guiado por lo que me sentía protegido.

A mi oficina acudían diversos personajes interesantes con los cuales mantenía conversaciones sobre política, historia, economía, y a veces una que otra vez me tocaban el tema de la Parasicología.

Entre estas personas que me visitaban, se encontraba un hombre jovial, publicista y comerciante, cuyo nombre me reservo, el cual mantenía relaciones comerciales con el Diario; contrataba espacios publicitarios para sus clientes y mantenía una oficina receptora de avisos para “El Informador” y “El Impulso”, los dos diarios más importantes de Barquisimeto. A este señor lo llamaré “ Samuel ” .
Samuel, era un hombre joven, un poco calvo, de rostro ovalado, simpático, y sumamente servicial, tenía una disposición siempre amable hacia mi persona, diría que de mucho respeto. Era una persona muy conversadora, y por lo visto le gustaba las tertulias que sosteníamos de vez en cuando, a menudo me invitaba a un café para charlar conmigo sobre temas que estaban a flote en la ciudad. Por mi relación diaria con mis compañeros de trabajo, siempre tenía información fresca sobre los mismos.
Un día, no recuerdo por qué, tocamos el tema sobre los “videntes”, y cómo en la historia “oculta” de muchos personajes importantes de la misma, existían “detrás” de ellos, un personaje misterioso que los aconsejaba sobre eventos futuros que los afectaría como líderes. Famosos son los cuentos del dictador venezolano Juan Vicente Gómez que gobernó al país durante 27 años, falleciendo de muerte natural sin que nadie pudiese derrocarlo, se decía que su lugar teniente, el “indio” Tarazona, era su consejero y guía sobre estas supercherías. Al igual Hitler, Chávez y Fidel Castro, siempre tuvieron un “brujo” a sus espaldas.
Samuel me comentó que líderes políticos muy destacados de la ciudad, acudían a una bruja que les “leía el tabaco” y que al parecer les había acertado todas sus predicciones, él lo sabía porque eran sus clientes. Le pregunté quienes más conocía que habían ido a su “consulta”  y me llegó a confesar que hasta el gobernador de aquella época era visitante asiduo de la bruja. Me insistió en que la mujer en realidad tenía “dones místicos”. Me dijo que la mujer no cobraba las “consultas”, que aceptaba la colaboración que quisieras darle.

Inmediatamente me vino la idea de ir a la “consulta” de esta señora, y así, de esta manera comenzar mi investigación  sobre estas creencias de las “artes ocultas”. En vez de bruja la llamaré  “la señora” . En contra de mis creencias religiosas, pero con la curiosidad que nace de la necesidad de conocer lo que se ignora. Me encomendé a Dios y fui.



La señora vivía en un barrio popular llamado “El Garabatal”, muy extenso, constituido por casas construidas por el gobierno, con calles pavimentadas e iluminadas, con todos los servicios, para esa época era un barrio sano.

Llegué a su casita, tenía una fachada adecuadamente pintada, el frente limpio, sin rastros de basura. Me fijé por donde se entraba, noté que una pequeña reja movible estaba abierta y daba hacia un pasillo en cementado, sin techo, que daba hacia un patio interior cubierto con granzón pequeño; caminé rápidamente para situarme frente a un cuartito de unos 3 metros cuadrados y techo de zinc, pintado  de verde oscuro por fuera y azul intenso por dentro. Recostadas hacia la pared de la casita, a uno de sus costados, al lado de una puerta de hierro que era su entrada, estaban unas tres sillas de metal, de aquellas portátiles que en aquella época utilizaban las agencias de festejo para alquilar en las fiestas.

Me situé al frente del cuartito, a pocos pasos de la entrada y observé que sólo había una señora, bien vestida, encopetada, que al verme trató nerviosamente de ocultar su rostro con un periódico que supuestamente leía. Su cara me era familiar, me causó risa su actitud infantil para disimular su presencia. De pronto la puerta se abrió y salió un hombre joven, también de apariencia distinguida, quien apresuró su paso y sin saludar caminó velozmente para marcharse hacia su vehículo.

Un rostro pequeño, apacible y limpio, con una sonrisa que mostraba una dentadura blanca y perfecta, se  asomó tímidamente, sin mostrar su cuerpo, era “la señora”, para invitar a la dama nerviosa que estaba en espera.

“La señora” me miró y me regaló su sencilla sonrisa y me dijo por favor que me esperara, que pronto me atendería. De manera que resolví sentarme, tomar el periódico que la dama había dejado y comencé a leerlo para no aburrirme: “Asesinado chofer de la Ruta 11 por pandilleros…”.

Un olor a tabaco barato se deslizaba entre las rendijas de la ventana que estaba detrás de mí, era el humo del misterio, y desde lejos se escuchaba, de una radio mal sintonizada una canción de moda que decía algo  así: “Yo digo lo que veo, corte la baraja y diga, por mi casa, por mi amor y por mi dinero… ¡fuera Satanás! …”

viernes, 1 de junio de 2018

Micro Relato .Un Cuento Sin Tiempo




Cuenta la historia de un tipo muy raro, que extrañaba a su esposa que murió hace años.

La memoria atormentaba a su alma, recordándola como si fuese ayer.
La piel, su perfume y la suavidad de sus labios, el calor de la vida en cada beso apasionado.

Las palabras grabadas del último adiós, los ojos empañados de alegría por saber que ese amor nunca moriría.

Y gritaba:
Memoria despiadada para qué sirves, sino está mi amada, no me tortures más, los recuerdos viejos no deben volver.
El hombre viejo vertió una lágrima, pues su deseo no podía ser, de ese gran recuerdo jamás se podía deshacer y sufriría hasta un nuevo amanecer.

Triste vivió el hombre viejo, recordando momentos en los que fue feliz con su amada.

El anciano, parado en el risco, donde la brisa golpeaba, su rostro reía al ver que fallaba, su espíritu iba buscando su amor y exclamaba:
¡Memoria ingrata, vuela de aquí, no vendrás conmigo cuando vaya a partir!
Esperando su vuelo, ya tiene el boleto para el viaje sin tiempo.

El viejo partió y a su memoria dejó, al otro lado llegó y con su recordada amada se encontró.

Ella le dijo: Aquí no hay presente, pasado o futuro, la eternidad es el sin tiempo que nos espera mi amor. Para siempre, por siempre. Sin agujas que marque el reloj, sin calendarios que indiquen tus días.

Entonces por Ley Divina, campanas y risas, abrazos y albricias, se unieron el niño-joven-viejo con su otra parte niña-joven-vieja, en otro universo distinto que nunca terminaría, en constante crecimiento. Jamás perecerá.
Pues el verdadero amor es así, sin tiempo y sin momentos, sin recuerdos y sin presentes…Infinitamente para siempre.

Alí Hernández Abrahan

jueves, 31 de mayo de 2018

Micro-relato: DIVORCIO INEVITABLE



Ella lo miró de soslayo, como si no existiera. Lo había amado desde su adolescencia y todavía lo amaba demasiado. Sus labios disfrutaban plenamente su contacto sensual, completamente orgásmico, era una delicia sentirlo, tantos años de complicidad en los momentos de angustia, de ansiedad, él sabía cómo calmar y aplacar su estrés. Así pensaba Paulina, una mujer de temple, con un carácter envidiable por sus congéneres. Siempre lograba lo que se proponía, lástima que con él siempre fue débil, muchas veces trató de dejarlo,  a veces por poco tiempo, pero apenas olía su perfume, doblegaba su férrea voluntad y caía nuevamente, dócil y sumisa a sus encantos.

Romper con él después de 40 años de convivencia le parecía una misión imposible. Un compañero que sería muy difícil de sustituir;  pero sabía que esa relación comenzaba a ser peligrosa. Lo que él le ofrecía, aunque era placentero, al final tendría sus consecuencias. Sus padres se lo habían advertido, sus amigos íntimos también, pero la atracción entre ambos, según ella, era de un magnetismo insuperable, se complementaban, era su obsesión, no podía estar sin él, ese gran amor tenía que terminar, ella  lo sabía, la estaba envejeciendo por culpa de sus encantos ocultos, 40 años de idilio demencial que hacían mella en su cuerpo.

Paulina tosió de nuevo, aspiró profundamente, exhaló el humo espeso y gris, viendo como se disipaba lentamente formando siluetas de muerte que la aterrorizaban. Carraspeó, luego escupió sangre, y no pudo evitar entre lágrimas, contener un sollozo violento que irrumpió el silencio de la sala de espera. Tomó aire, suspiró profundamente. Decidida, rompió drásticamente con esa unión idílica que la llevaría a la muerte sino lo lograba. Con sus dedos amarillentos estrujó de manera implacable contra aquél cenicero de piedra a su último cigarrillo, comprendiendo definitivamente que, su divorcio con él, era inevitable.


Alí Hernández Abrahan

martes, 3 de abril de 2018

¡Felizmente desdichados! Micro Relato (18)



Bertha y Laureano, 35 años de casados, los dos marionetas de la sociedad donde viven. Tienen dos hijos, una buena casa, dos automóviles y dos grandes apellidos heredados de sus rancias familias coloniales. Él ateo, ella fanática religiosa. Desde hace muchísimos años dejaron de tolerarse, uno duerme en un cuarto y el otro también, pero, desgraciadamente para ellos los dos se necesitaban, vivían convenientemente, no había amor, pero tampoco repudio. Inteligentemente aparentaban su unión, pero para nadie era secreto su gran desamor.
Laureano en el fondo era un gran cobarde, mejor dicho un cómodo acobardado, a sus 67 años le aterraba tener que empezar de nuevo; divorciarse, dividir sus bienes y no poder disfrutar nunca más de las comodidades y relaciones sociales y familiares que le aportaba su unión con su frígida y estirada esposa.

Bertha, a pesar de sus años, seguía siendo una mujer hermosa, elegante, de finos modales y vocabulario rebuscado. Ella en realidad nunca amó a Laureano, pero al ver que sus amigas se casaban y seguía solterona, decidió aceptar al ordinario Laureano que se babeaba por ella. En fin su esposo era un hombre bueno, de modales toscos, de palabra limitada, pero muy trabajador, responsable y leal. No se había ganado la lotería con él, pero estaba conforme, era la señora de un Gandolfi, y en esa sociedad de adulantes, bastaba para ser respetada…

Una noche calurosa, Laureano ardía de anhelos de caricias apasionadas, sediento de deseos carnales se atrevió a pisar la alcoba de su esposa, entró sigiloso a la habitación que alguna vez fue testigo de escenas pintorescamente románticas, llenas de erotismo que terminaban en un coito fugaz y extenuante. Una gota de sudor se deslizaba refrescante por su mejilla, sus labios resecos se empañaban frugalmente con su lengua tibia que buscaba el sabor de una mujer excitada.

Bertha se encontraba inusualmente desnuda sobre su cama, el calor la atormentaba, desafiaba a sus sábanas para que no la cubrieran y la dejaran libre para disfrutar de la tibia brisa que se colaba por la ventana.

Entre penumbras, Laureano avistó la figura sombreada del voluptuoso cuerpo su compañera. Se acercó tembloroso, ansioso, febrilmente excitado. Alargó su mano callosa y tosca para acariciar el pecho de su esposa. Laureano no poseía buena visión e imaginaba una figura erótica, joven y hermosa le aguardaba deseosa de sentirlo cual padrote equino, salvaje y relinchón, para hacerla feliz con su pasión.

Tantos años sin tocarla, sin disfrutar del calor de su cuerpo, Laureano explotaba en un éxtasis que no había sentido hacía muchos años. A su edad volver a sentir esa sensación era casi imposible. Bertha permanecía quieta, como que esperaba que eso pasara; como si aquella canícula extraordinaria fuese el detonante para hacer el amor. Laureano se encontraba totalmente concentrado en su intensión conyugal, montó el cuerpo de su mujer y lo poseyó ardientemente, sin desperdicio de tiempo, con el fragor de un luchador que tiene a su adversario contra las cuerdas, esperando el conteo del árbitro imprudente que obligaría a terminar la función, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1…¡fuera!

Fugaz y caliente terminó el round. Laureano, sudoroso y agitado, instintivamente fue a besar a su compañera, en gesto delicado de agradecimiento y de ternura por tan maravilloso momento. Bertha no se movía, sus ojos estaban asombrosamente abiertos, y con una leve sonrisa en sus labios, no había aliento, no había vida, se dio cuenta  que estaba definitivamente muerta. Bertha dejó de ser infeliz, pasó a mejor vida, ya no tendría que preocuparse a sus 60 años por divorciarse y partir bienes con su esposo.

Laureano, acongojado pensó que hubiese sido un nuevo comienzo  de su vida marital. Sonrió, al fin no tendrá que dividir sus cosas. Todo sería de él. No habrá divorcio para los dos. Pero Laureano, al levantarse y verla allí, fríamente desnuda, sintió que al fin fue feliz un momento con ella, y ella estaba dichosamente muerta. ¡Felizmente desdichados!

ALI HERNÁNDEZ ABRAHAN

sábado, 17 de marzo de 2018

Micro-relato . (16) El Viaje




Caminó pesadamente hacia el automóvil, casi arrastraba sus pies, pero a pesar de todo no se amilanaba por los obstáculos propios o extraños que se le presentaban, andaba erguido, a pesar de su lentitud no dejaba la impresión en el viento, sabía hacia donde iba, mejor dicho hacia donde lo llevaban. Don Hermógenes disfrutaba mucho sus paseos dominicales en el pequeño carro de su hijo, un sedán asiático de 4 cilindros que lo conservaba siempre listo y apropiadamente limpio. Cada arruga de su rostro parecía desaparecer por arte de magia, cuando la brisa intrépida se colaba fría sobre su vetusto rostro, arrugando más aún su frente amplia y achicando sus ojos levemente azules.

Don Hermógenes instintivamente  agarraba su fina gorra de lana gris, porque el ventarrón que lo arropaba, amenazaba con quitarle esa prenda tan querida, que le había regalado su nieto adorado, y que ya no volvería a ver pues había emigrado al fin del mundo. Su hijo Arsenio trataba de complacerlo, quería que su padre se sintiera a gusto, sabía lo que le gustaba esos recorridos domingueros, por las calles angostas de su amado pueblo, trataba de identificar a través de la ventana cuando iban pasando, a las  antiguas edificaciones que le traían recuerdos gratos de su juventud junto a su amada familia. Pero Don Hermógenes comenzó  a comprender que este nuevo paseo tenía características distintas, su hijo le había colocado música de la época de su juventud, se emocionó mucho, sus ojos se lavaron quedamente  con las lágrimas escasas que salieron impertinentemente. No necesitó limpiarlas, la brisa las secó rápidamente. Tarareaba sus canciones, las estrofas eran casi siempre incompletas, “Adiós muchachos compañeros de mi vida…taratatata , hoy me toca a mí emprender la retirada….” Y así la canción entrecortada dentro de su mente agotada, vislumbraba un caminito que hace tiempo, pero mucho tiempo, lo vio pasar.

A sus 96 años le pedía a la vida su muerte, ya había vivido demasiado, su mente disparataba  a veces pensamientos insensatos, los trasladaban a épocas remotas de felicidad inconclusa, pasajera, no sabía si vivía un sueño, o si estaba muerto, una  paz inexplicable embargaba en silencio su memoria, el caminito empezó a cambiar, le parecía familiar aquella hilera de sauces llorones que como abanicos tristes despedían a los que por allí pasaban. Era tiempo de partir…pensaba. De pronto la caravana de carros negros paró frente a una parcela de tierra recién removida. Don Hermógenes despertó sobresaltado, oyó una voz conocida… -¡Abuelo!- musitó llorosa una linda jovencita.-“Baja del carro, para que despidamos a mi papi a su último viaje”. – Terminó la frase abrazando fuertemente a su querido Nono. Don Hermógenes se acercó al ataúd que recién habían sacado del carro fúnebre, y dijo: “Adiós hijo, el boleto para ese viaje era para mí, ¿Por qué me lo quitaste?..” Frustrado… lloró en silencio.

ALI HERNÁNDEZ ABRAHAN

martes, 27 de febrero de 2018

Micro-relatos (17) Juramento Final





Le costó enterrarla. Observó triste la prenda que guardó como recuerdo preciado de su amor por ella. Por su mente se posaban como fotografías los momentos más preciosos de sus vidas, como cuando él llegaba a casa y ella salía contenta llena de alegría demostrarle su amor de fiel compañera. Su amor único y verdadero.
La tuvo que matar. Ya ella no podía valerse por sí misma. Era preferible que muriera. Echó la última palada. Oró en silencio por ella, la extrañaría; le pidió perdón por matarla. No amaría a otra como a ella. Juró nunca más tener  perras mascotas.


                                                                     ALÍ HERNÁNDEZ ABRAHAN

Micro relatos (16) El Vengador




   
            Llegó de improviso. Notó que no era el lugar que esperaba. Se sintió mal. Un miedo incontenible recorrió su espalda. Caminó cauteloso entre la gente. A pesar de ser de otra parte no notaban su presencia. Miraba todo a su alrededor. No se acostumbraba a los olores, ni a los colores, el ruido insoportable le trituraba sus oídos. Les parecía odiosos. Su insólita pequeñez no lo amilanaba.
Decidió matarlos a todos. Su fin estaba plenamente justificado. Esta gente no debía prosperar contaminando el universo. Aprovechó un soplo de brisa y como virus mutante extraterrestre, acabó con ellos instantáneamente.


                                                                                ALÍ HERNÁNDEZ ABRAHAN

viernes, 15 de diciembre de 2017

HASTA EL AÑO QUE VIENE

Despedimos este año 2017 agradeciendo sus gentilezas por haber leído mis escritos, publicaciones que he hecho pensando en ofrecerles algo de mi creación literaria, les pido disculpas por si alguno haya sentido que ha sido ofendido en algunos de ellos, cuestión que jamás se hace a propósito, simplemente expongo mis ideas y mi instrumento es la palabra, en eso consiste ser escritor, corriendo riesgos y siendo audaz al hacerlo. Quiero desearles de todo corazón una Navidad llena de esperanza y de Fe, no la debemos perder nunca, alejen el pesimismo y la desesperanza, abracemos el amor de Cristo, y sostengamos a pesar de los pesares, la convicción de que pronto vendrá la Luz a nuestra querida Venezuela. FELIZ NAVIDAD Y UN AÑO 2018 LLENO DE CAMBIOS POSITIVOS. Aquí les dejo el último regalo del año. Nos vemos cuídense mucho. Se les quiere






NAVIDAD DE SIEMPRE





Se mueven las nubes mullidas,
En el cielo esplendoroso
Se ha ido noviembre de huída,
Llega la luna cándida y blanca
A regalarnos su Luz,
Se muestra encantada de ser amada
Por poetas y amantes,
Cruzando palabras llenas de amor.
A lo lejos se acerca
Una estrella esperanza,
Viene en su viaje mirando a la Tierra,
La acompañan ángeles ansiosos
De ver a un niño precioso
Que ha nacido en el corazón de todos.
Misterio eterno su vida es,
Pues nace y renace
En aquél que lo quiere ver.
Los hijos repiten su canto de amor,
Los padres, los niños, ancianos y yo,
Escuchamos extasiados
Sus palabras de amor,
Se oye el clamor de los luceros,
Alegría, aleluyas y palmas
Invaden presurosas las almas
Pues la Navidad Hermanos,
Es amar Y amar
Sin cesantías,
A todos sin mezquindad,
Regalemos abrazos,
Sonrisas y besos
En nombre del Niño,
Que nos lo agradecerá
Por los siglos de los siglos.

ALI HERNÁNDEZ ABRAHAN

MICRO-RELATOS ¿HOMBRE O MUJER? (13)

                                                                                    




Abrió la ventana. Aspiró profundamente el aire fresco que le llegaba del parque boscoso cercano a su casa. Admiró el paisaje pensando, una extraña sonrisa se esbozaba en su rostro. Sus ojos se humedecieron tímidamente. Alegrías y tristezas se entremezclaban  en sucesivas imágenes de un pasado no lejano. Sus padres recientemente muertos, sus hermanos igualmente fallecidos, su matrimonio acabado. Pero su fe en Dios era profunda. No en vano asistía todos los domingos religiosamente a misa. Un escalofrío placentero recorría su espalda. Volteándose de manera pausada, observó cuidadosamente su habitación. Pulcramente ordenada. Buscaba los porta retratos de sus amores, sus hijos, sus tesoros, su razón de existencia; ya todos bien casados, felices, al igual que sus nietos, que eran el renacer de su vida. Adelantó unos pasos acercándose a la gaveta de su escritorio. La madera lustrosa, con ese olor característico de su noble materia fina. Tomó la perilla de bronce y haló lentamente el cajón. Ahí estaba el revólver calibre 38, herencia de su pareja. La policía encontró una carta a su lado que decía: “Les deseo Feliz Navidad”.



ALÍ HERNÁNDEZ ABRAHAN

MICRO-RELATOS SILENCIO (12)

    






       






Ese día había decidido decirle todo. Celestino tenía años sin ver a su padre. Lo extrañaba profundamente. Su niñez estuvo signada por el espíritu autoritario, rígido y ácido de su progenitor, que desafortunadamente utilizaba las mismas reglas, muecas y alaridos de su abuelo. Se podría decir que era una tradición familiar. Pero llegó el momento tanto tiempo postergado. Celestino había logrado vencer su escurridizo temor. En su corazón existía una mezcla de amor reverencial con una rabia sin curar que lo atormentaba desde que se hizo hombre y pudo recapacitar sobre su extraña y peculiar relación filial. No era fácil enfrentarse a su padre. Aunque  permaneciera quieto e indiferente, saber que su padre estaba allí, posiblemente escuchándolo con atención, para Celestino era suficiente.”Papá, viejo querido, hoy, después de tanto tiempo, vengo a arreglar las cosas contigo”-se atrevió a comenzar la charla, temeroso  que le contestara. “Quiero que me perdones por no haber venido antes”- dijo vacilante, cuidadosamente escrupuloso- “Fuiste siempre un tirano, un dictador cruel que no tuvo piedad de mis sueños”- sus manos temblaban, entre el miedo y la ira.-Prosiguió sus palabras sintiéndose más corajudo-“Eras el verdugo de mis esperanzas, cortaste cuando pudiste todas mis ilusiones. A mamá la trataste como una esclava, en realidad, nunca la amaste”- Celestino aprovechó el silencio, el mutismo sorprendente del cual solo son capaces las piedras. Respiró profundo, había sacado todo ese veneno que por años lo estaba matando poco a poco, sigilosamente en sus entrañas.- Celestino, arrodillado sobre la lápida, se levantó pausadamente y escupiendo la tumba, salió triste del cementerio.



ALÍ HERNÁNDEZ ABRAHAN