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viernes, 5 de octubre de 2018

La Suma Cuántica MICRO-RELATO



“Utopía, 5.000 vidas pasadas”…Aunque ahora somos espíritus, seres de energía lumínica del Amor Supremo y la perfección es nuestro eterno vivir, escribo  con mi mente este sentir.



.

Miles de vidas tuve que sufrir para aprender lo que era realmente la vida, en esta dimensión impensable tengo el privilegio de ver lo que fui, veo a los seres de carne y hueso que me sirvieron para tal fin.

Poco nos falta a los que vivimos aquí, llegar al último escalón de la existencia para integrarnos a la morada final, donde la nada no existe, donde la mente deja de pensar como un yo y se convierte en un “Uno” que nos funde con “el Origen del Todo”.

Hace 3.000 años terrestres, que apenas son unos segundos en esta dimensión, donde nos parece que hace solo un momento fuimos hombres y teníamos un cuerpo que nos permitía sentir sensaciones inalcanzables en el estado espiritual. Apenas unos minutos antes estuve casado mil veces, siempre con el deseo de entender lo opuesto a mi esencia, conocer al amor hacia otro espíritu, hasta no comprendía que la meta era integrarnos y ser “Uno” alguna vez, hasta el final, esta matemática del Universo cuántico en donde 1+1:1.

Sin esa fusión espiritual, no se logrará nunca avanzar, lo espiritual es indiferente al sexo genérico, se manifiesta, se manifiesta sin distinciones, no hay edad ni género, simplemente espíritu, el amor es el amor, la mayor fuerza cohesiva del Universo, todo lo mueve en busca de esta perfección.

Cada partícula que  compone el Universo está impregnada de la fuerza del amor. Todo fue creado desde siempre, el tiempo no existe, es solo una concepción del Hombre para explicar su incomprensión ante las maravillas y misterios que se le presentan. Todos los objetos creados tienen espíritu. Los planetas son seres con espíritu, viven de acuerdo a lo dispuesto por la Gran Ley del Amor.

El Universo se re-crea constantemente con las mismas partículas que mutan según las vibraciones que disponga ese Ser Supremo que todo lo mueve. “Soy el hijo de la tierra y el cielo estrellado pero mi verdadera raza es del cielo” frase de un antiguo texto de la sabiduría griega, o cuando Heráclito decía “Ni aún recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del alma, tan profunda y vasta es”. La conciencia es el núcleo espiritual del alma, Max Plank, físico cuántico la consideraba como algo fundamental de donde se deriva la materia, todo lo que existe lo postula la conciencia. “Pienso, luego existo” como dijo Descartes. En otras palabras la mente, lo que pensamos es la responsable de lo que vemos.

Y para terminar en mi reflexión sobre lo aprendido esas mil vidas recuerdo también lo que dijo el famoso neurofisiólogo Sir Jhon C. Eccles “Debemos reconocer que somos seres espirituales con almas que existen en un mundo espiritual, así como seres materiales con cuerpos y cerebros que existen en un mundo material”.

En esta existencia etérea, de este lugar llamado Utopía, donde somos amados y queridos de manera inmensurable, donde nos sentimos parte irremplazable del Todo, y a la vez inseparables, no hay miedo, no hay temores, somos parte del UNO, del Omnisciente, somos indudablemente dioses.

Esta carta es  testimonio de mi aprendizaje de ese viaje que estoy a punto de culminar, reencontrándome definitivamente con mi gran amor…!
¡Tiberio! – se oyó el grito autoritario que hizo eco en los refinados oídos del viejo escritor, interrumpiendo su trance meditabundo al terminar el último capítulo de su última novela.

Tiberio dejó su pluma sobre el amarillento cuaderno donde realizaba sus borradores con desánimo. Se levantó pausadamente, caminó algunos pasos tratando de pensar en lo que quería su esposa, contestándole con su ruidosa voz, alzándola a los decibeles adecuados para que su mujer lo oyera- ¿Qué quieres mi amor? – terminó de gritar en espera de la respuesta de su amada esposa.

-¡Vienes a la cama o me pongo a ver televisión! Contestó con voz ansiosa y agitada. El viejo escritor Tiberio Pérez,  asomó tímidamente su cabeza para atisbar la escena que lo esperaba, viendo a su mujer con rollos en la cabeza y unas máscara de color indefinido que le formaba la crema mágica que la embellecería algún día, cuando su problema óptico se agravara, y no pudiera apreciar en su espejo los surcos que poblaban sus mejillas que describían sus años bien vividos.

Tiberio, se escondió tras el marco de la puerta, sonrió con una mueca de satisfacción, mientras pensaba-“Cuánto me falta para aprender esa complicada matemática cuántica, UNO MÁS UNO ES IGUAL A UNO”



ALÍ HERNÁNDEZ ABRAHAN

viernes, 28 de septiembre de 2018

PSIQUIS( CUENTO CORTO)



Allí, en esa sala, áspera, de colores disueltos, sin gracia, ni gusto; Alberto observaba, siempre allí, con su cara petrificada, inamovible, sin hablar…simplemente miraba. Cómo habían pasado los años, lo poco que cambiaba en el ambiente, era un soplo de polvo que a veces, sin su permiso lo arropaba, tenue y palpable, síntoma de su poco avance, él siempre fue una persona íntegra, idealista, sin ambigüedades éticas, defensor de la vida y de sus breves encantos, ese  polvillo en su traje apenas lo incomodaba. No era fácil para él. Alberto sentía que no envejecía, como si al tiempo no le importara.

En un principio todo tenía que ver con él, lo miraban, le hablaban, sus hijos lo tomaban en cuenta, lo tomaban y abrazaban con lágrimas entre sus mejillas, salpicadas a veces de risas involuntarias por ese amor siempre presente a pesar de sus rencillas.

Cuando su hija mayor se acercaba a hablarle, Alberto se estremecía de amor paterno hacia el primer fruto de su sangre, la amaba profundamente, al igual que sus otros hijos,  sentía entre sus brazos que ella  lo amaba con descargas de sentimientos encontrados. Ella lo miraba fijamente y le reclamaba lo duro que fue con ella, él pensaba que si no hubiese sido así, ella no sería la mujer que era, con temple, decidida, con un carácter firme que la ayudó siempre a ser determinante y a cumplir con sus metas. Pero, callaba, ella algún día lo comprendería.

En esos encuentros abundaban los silencios de hastío, los cristales de lágrimas llenos de arrepentimiento tardío. – Papá – era la palabra que salía quedamente de sus labios, conteniendo un sollozo que ahogaba ese gran amor hacia Alberto. Él solo la miraba pasivo, queriendo abrazarla sin poder hacerlo. Pensaba, y con temor a que escuchara sus pensamientos “Hija, no sabes cuánto te amo, pero aprender a ser padre es muy difícil, trae una mezcla de gran felicidad, pero también de mucho miedo, el temor de fallarte, de hacerte daño sin querer, de cubrir todas tus necesidades, dándote siempre lo justo para que nunca pecaras de vanidosa ni de egoísta, para que tu corazón siempre perdone y ame sin límites y seas un gran ser humano.

Su hija lo miraba, suspiraba hondamente, como absorbiendo esos pensamientos invisibles, inaudibles, pero que por magia filial llegaban a su corazón, haciéndole recordar lo mucho que lo amaba. Esa conversación de corazones, de espíritus unidos por la sangre, siempre terminaba con un beso de ella hacia él, dejándolo solo en la sala.

A veces pasaban los días y llegaba su hijo el duro, a el que le decía muchas veces “los hombres no lloran”, pero su hijo era como él, de sentimientos a flor de piel, que amaba profundamente a su esposa y a sus hijos. Cuando lo iba a ver, se sentaba frente a Alberto, se miraban largamente en silencio, sabiéndose ambos cómplices de una amistad entre padre e hijo, diferente, con una admiración profunda, ambos se amaban con respeto. Siempre su hijo iniciaba la conversación. – Papá, sabes, hoy me ascendieron en mi trabajo, las cosas van muy bien…Gracias a ti, siempre siguiendo tus consejos…Gracias viejo; terminando la conversación con su acostumbrada frase mágica de veneración a quien tanto ama “Bendición papá”.

Alberto sentía un especial orgullo por su hijo, desde muy joven fue un gran trabajador, responsable e inteligente, ahora convertido en un excelente padre, esposo y hermano, muy independiente siempre. Su hijo lo estrechó entre sus manos despidiéndose con un beso. Cuando se iba, Alberto lo bendecía, al igual que hacía con sus amadas hijas.

El día transcurría, la sala en silencio. La luz del gran ventanal que entraba en la mañana, se reflejaba en el rostro de Alberto, que plácidamente se calentaba, le agradaba mucho esa hora del día. Sentía  que esos rayos lo vitalizaban, lo recargaban, aunque él no se movía.

Así pasaban las horas, hasta que la pequeña aparecía, era la última, la que Dios le regaló cuando menos lo esperaba, con ella recibió la última bendición como padre que El Supremo le envió. Fue como un renacer de su Ser, pero también un gran reto como hombre, ya era viejo cuando ella llegó, creía que estaría pocos años con ella, tal vez, de sus hijos, la que  mejor lo conocía. Ella fue en una época su compañera de trabajo, sabía realmente cómo era su papá; cómo lo apreciaban las personas que trabajaban con él, así como algunas lo envidiaban, o porque no respondían a sus exigencias y disciplina en el trabajo.

Ella era la que más admiraba y respetaba a su papá. Alberto tenía una gran debilidad por ella, pues era su hija más dulce y cariñosa con él, ese afecto especial que necesita todo ser humano, sobre todo en la vejez.

 Cómo le alegraba el día cuando ella lo visitaba y se sentaba frente a él y le decía, “Papá te amo, te quiero mucho, y te doy gracias por todo lo que me enseñaste, cada lección tuya la llevo en mi corazón y nunca se me olvidan. Eres un gran papá, luego ella lo besaba muchas veces, despidiéndose con la bendición, esa palabra divina que une corazones, no importa donde estén las personas que la pronuncian o la escuchan.  Alberto los bendecía siempre y le daba gracias a Dios por sus hijos, un regalo de la vida que siempre disfrutó.

Su mujer a quien siempre amaba, lo veía, allí en la sala, siempre esperándola. A veces se acercaba cuando el remordimiento la acosaba, hablaba con él, le pedía que la perdonara, se  miraban por largo rato, el silencio era terrible, como leyéndose el pensamiento ¿Qué pensaba ella? Se preguntaba. ¿Por qué envejece tan rápido? ¿Por qué sentía que ya no la deseaba como antes? Allí en esa sala, veía como pasaban sus hijos, sus amigos, había cierto misterio en ese lugar que él aún no se explicaba. Hasta que un día, vio a su mujer encanecida, pero con mucha gracia y belleza, se acercó hacia él, lo tomó entre sus brazos y le dijo con nostalgia.- Alberto, no quiero seguir envejeciendo sola, hace ya años que partiste y me he encontrado un nuevo compañero, aún te amo en el recuerdo venerado, lo siento amor, la vida hay que vivirla.


-.Terminó sus palabras llenas de emoción, sentía descargar toda esa angustia que tenía por ocultar esa nueva relación. Lo miró con sus ojos cubiertos de la lluvia del alma, esa que solo sale cuando el corazón se agita. Miró a su alrededor para ver si alguien los observaba, colocó con mucho cuidado y cariño el retrato de su esposo en la mesita de la sala, lo limpió despacio con la manga de su blusa y lo miró con un nudo en la garganta.
Allí en ese momento, Alberto comprendió que solo era un retrato con psiquis, con alma, que nunca quiso abandonar su casa.

ALI HERNÁNDEZ ABRAHAN

sábado, 22 de septiembre de 2018

¡A ESA EDAD!


 A esa edad cuando tragábamos amor sin saberlo,
 con tesón ni desmedro,
en la oscuridad del mundo materno.
A esa edad sin colores de vientos
Y olores de aspavientos.
A esa edad de cruces y caminos
Con destinos y desatinos.
A esa edad de sueños y pesadillas
Sin sustos ni comidillas.
A esa edad de chismes y comentarios,
Vanidades estúpidas,
 Engalanaban  el calendario.
Soles, solos, tristes y eternos.
A esa edad nos creemos
Brisas de sentimientos,
Dolores sin remordimiento.
A esa edad que todo lo puede,
Todo lo sabemos,
arrogancia sin decencia.
A esa edad de dudas y verdades,
Preguntas incontestables,
de aburridos saberes.
A esa edad de amigos inservibles y
De entrañables invisibles.
Vives de recuerdos de aromas
 y música de amapolas
que pintan el alma,
sin saber de dibujos y tramas.
A esa edad, de cuerpo cansado
Sin remedos ni regaños.
A esa edad, la que recuerdas
 de vida apasionada,
De playas con olas enamoradas
y montañas de verdes atardeceres.
En aquel lugar bonito,
Rodeado de gente empática
 que lloraba de risa,
contigo, tu alma y tu prisa.
A esa edad amigo mío,
Sentirás lo que te digo,
Solo a esa edad
 que vivirá siempre conmigo.
Alí Hernández Abrahan

martes, 11 de septiembre de 2018

La otra Vida. Micro relato



Llevaba mucho tiempo según él  en ese lugar, aunque era un sitio cálido, generoso y acogedor, sentía que tenía que partir. Su hermano, en su silencio, compartía la misma opinión. Era tiempo de buscar ruta hacia una nueva vida. Era difícil salir de allí, pues lo tenían todo. Algo instintivo, inexplicable, los obligaba a salir de su mundo, el mundo que los vio nacer, que los ayudó a transformarse en lo que hoy eran, unos seres humanos llenos de potencialidad, con un futuro incierto pero atractivo, irresistible, sediento de aventuras y retos que tendrán que asumir apenas llegaran a su destino. -No fue fácil vivir en este lugar- pensaba él mientras observaba a su hermano moverse perezosamente, acomodándose para su partida, sabían que se irían pero aún no sabían cómo. Era necesario hacerlo, ese lugar ya no era apto para ellos, pues necesitaban más, su ambición por una vida nueva los impulsaba sin cobardía a dejarlo sin ningún tipo de contemplaciones, estaban firmemente decididos.



Pero, de repente les embargó la nostalgia, allí en ese lugar donde jamás estuvieron solos, en donde sufrieron una transformación fundamental, en la cual comprendieron que alguien muy poderoso los cuidaba,  y que disfrutaron de una sensación de ternura que nunca los abandonaba, desde otro mundo los amaban, los cuidaban y los vigilaban. Dios Todo Poderoso los invitaba a que fuesen valientes y disfrutaran de esa nueva vida que se les brindaría apenas llegasen a su destino. Muchos, antes que ellos, han hecho lo mismo. No hay por qué tener miedo. Saben que los están esperando con los brazos abiertos. Los dos comenzaron a sentir un frío repentino, el miedo se apoderó de ambos ante la incertidumbre de una luz enceguecedora que veían en una especie de túnel  el cual atravesaban tomados por una fuerza repentina que los sujetaba por sus piernas, su hermano gritó primero, y lo oyó que lloraba inconsoladamente, su miedo iba creciendo en la medida que era arrastrado sin piedad hacia esa luz resplandeciente, sintió un frío helado que corría su cuerpo y algo lo cubría arropándolo de manera inesperada.





-Muy bien_ dijo el doctor mientras le señalaba a la enfermera la balanza para pesarlos y la cinta para medirlos.—Son dos hermosos bebés-  exclamó satisfecho. Ahora están en  otra vida.


ALÍ HERNÁNDEZ ABRAHAN

lunes, 10 de septiembre de 2018

¡Soy Feliz!



No quiero herir a nadie con mi canción,.
Ni que nadie envidie mi vuelo
¡Soy feliz sin ton ni ron!
Voy caminando seguro y en compañía
De una mujer que quiere que sonría,
Do Re Mi son las notas de mi alegría
Río, canto y grito de contento
¡Soy feliz sin ton ni ron!
En el momento.
La vida es amor en sonrisas solitarias,
No necesito bulla para expresarlas.
Vengan lluvias de carcajadas
Acompañen mi vals
Las risas de mi alma.
¡Soy feliz sin ton ni ron!
El amor disipa todas mis tristezas.
Se acabaron para mí las asperezas.
Siento en su mirada la franqueza,
Voy a morir junto a ella.
La felicidad nunca me deja
¡Soy feliz sin ton ni ron!
¡Salud! Brindo por fin,



Por los que me quieran seguir,
Amen, amanse y no dejen nunca de sonreír,
Dios tan bondadoso
Nos lo has dado todo
Hijos, nietos, inteligentes y preciosos,
Amigos y familiares son partes del Tesoro,
La mujer que amo  desde tiempos sin fechas,
Risueña, Inmensa, Tan Amorosa,
Se encuentra dichosa entre mis brazos.
Experiencias de amor que nutrieron mi alma,
Tiempo vivido, tiempo de olvido,
No hay rencores, sólo bendiciones,
Cada minuto, cada segundo,
Dios me acompaña.
Gracias por todo lo recibido,
Por todo lo vivido,
Punto y siempre seguido,
Amando los unos y a los otros,
¡Sean Felices sin ton ni ron!
Como yo así lo he sentido




ALÍ HERNÁNDEZ ABRAHAN

viernes, 6 de julio de 2018

Sobre Encantos y Brujerías






Parte I

“Curiosidad y algo más”

por

Alí Hernández Abrahan




Los venezolanos en líneas generales poseemos una atracción telúrica por lo sobrenatural, gran parte del país practica o ha practicado algún tipo de rito, o ha asistido a alguna sesión de corte esotérica, en donde “el arte de la adivinanza del futuro” estuviese presente. Por curiosidad, por ingenuidad o por desesperación, se busca el último recurso ante las dudas y angustias que nos depara alguna incertidumbre o problema, casi siempre relacionado con la salud, el amor o el dinero.

Acudir a un “brujo o bruja” o a un vidente experto en el Tarot, las runas o los caracoles,  cualquiera de esos oficios de magia, pareciera ser un paso de iniciación que a la mayoría, a pesar de sus creencias religiosas, se ve tentado a explorar alguna vez en su vida.


Esa atracción hacia lo mágico, tiene como fin último crear alguna esperanza positiva sobre nuestras vidas. Al parecer la religión que se profesa no  satisface la ansiedad de escuchar algo que nos permita creer que el problema ciertamente se va a resolver, porque existen fuerzas sobrenaturales que de algún modo se expresan a través de esos artilugios que son manejados adecuadamente a veces por personas estafadoras, otras, por gente que de alguna u otra forma han manifestado a lo largo de sus vidas algunos “talentos” o “dones” que lo inclinan a dedicarles su vida a estos menesteres.

En América Latina, se han manifestado muchísimas personas con estos tipos de “poderes”. En fin, la mayoría de los seres humanos se fascinan hacia lo “mágico”, el mundo se entretiene leyendo literatura con este corte, Harry Potter, El Señor de los Anillos, etc. En donde la Magia, los magos y hechiceros son los protagonistas principales,  sembrando algún tipo de sueño en los creyentes, lleno de esperanza positiva, que haga realidad tanta fantasía en sus vidas.

Mi relato tiene que ver con esto, siempre encontraremos a alguna persona cercana o lejana que nos cuente una historia sobre sus experiencias al respecto, algunas divertidas, otras no tanto. Estos cuentos los guardan celosamente y no se atreven a hacerlos públicos, sino bajo juramentos estrictos a sus más íntimos amigos, por miedo al ridículo y a la burla, además del temor de pasar por ingenuos o ignorantes, cuestión que no critico, pero que a mi parecer, solo es una experiencia sobre cuestiones que uno tiene que vivir, “sufrirla” o “disfrutarla” según sea el objetivo de la misma, como quien dice, experimentarla en carne propia para poder opinar o criticar tales experiencias.

Por mi parte, en mi juventud siempre mantuve una curiosidad casi obsesiva por estos temas, buscando respuesta ante tantas interrogantes que me formulaba en aquel entonces, sobre todo por algunas experiencias personales que me inquietaban y que quería saber por qué me sucedían o les pasaban a personas muy cercanas a mí entorno.

He escuchado a lo largo de mi vida, relatos extraños sobre sucesos paranormales que me llevan a investigar hasta qué punto son ciertos o en cuales la imaginación o la sugestión les juegan a sus protagonistas una mala pasada.

En escritos anteriores, en mi blog, he mencionado brevemente, algunas de mis experiencias sufridas en mi niñez y en mi adolescencia temprana.
Durante mucho tiempo escuchaba a mis amigos cercanos que habían visitado una “bruja”, (al parecer los brujos no son muy comunes), que les había leído las cartas o el tabaco, siempre respeté sus creencias, creo que aquellos que se burlan, en el fondo, son unos cobardes que le temen a lo desconocido. 

 Pero había en mí cierto temor o rechazo debido a mi Fe católica, que presionaba sobre mi natural inclinación hacia la investigación. Indudablemente mis creencias cristianas siguen intactas, pero no dejo de pensar que en el Universo existen aún miles de incógnitas por resolver, y que del mundo de Dios apenas sabemos un mínimo para comprenderlo y amarlo. ¿Cómo hablar sobre algo de lo cual nunca he presenciado o experimentado? ¿Hasta qué punto es verdad o mentira los relatos de mis amigos?


La poca literatura seria sobre el tema es muy escasa y breve, además de tener un enfoque  determinista y sesgado, que juzga a priori tales creencias.

Ante todo lo expuesto, decidí que en la primera oportunidad que tuviera, iría a visitar a una bruja que me leyera las cartas o el tabaco, en fin, para ese entonces me daba lo mismo ambas cosas.

Trabajaba en esa época como gerente de publicidad y ventas del diario “El Informador” de Barquisimeto, en ese  entonces me había habituado a realizar ejercicios de meditación, casi a diario, lo hacía en mi casa en horas de la noche cuando todos dormían y nadie podía interrumpirme. Sobre esas experiencias escribiré en otra oportunidad.

Por alguna razón, este hábito de meditar, me ayudó a sentirme mucho más confiado cuando asumía a estudiar fenómenos paranormales, la verdad es que no tenía miedo, de alguna manera me sentía guiado por lo que me sentía protegido.

A mi oficina acudían diversos personajes interesantes con los cuales mantenía conversaciones sobre política, historia, economía, y a veces una que otra vez me tocaban el tema de la Parasicología.

Entre estas personas que me visitaban, se encontraba un hombre jovial, publicista y comerciante, cuyo nombre me reservo, el cual mantenía relaciones comerciales con el Diario; contrataba espacios publicitarios para sus clientes y mantenía una oficina receptora de avisos para “El Informador” y “El Impulso”, los dos diarios más importantes de Barquisimeto. A este señor lo llamaré “ Samuel ” .
Samuel, era un hombre joven, un poco calvo, de rostro ovalado, simpático, y sumamente servicial, tenía una disposición siempre amable hacia mi persona, diría que de mucho respeto. Era una persona muy conversadora, y por lo visto le gustaba las tertulias que sosteníamos de vez en cuando, a menudo me invitaba a un café para charlar conmigo sobre temas que estaban a flote en la ciudad. Por mi relación diaria con mis compañeros de trabajo, siempre tenía información fresca sobre los mismos.
Un día, no recuerdo por qué, tocamos el tema sobre los “videntes”, y cómo en la historia “oculta” de muchos personajes importantes de la misma, existían “detrás” de ellos, un personaje misterioso que los aconsejaba sobre eventos futuros que los afectaría como líderes. Famosos son los cuentos del dictador venezolano Juan Vicente Gómez que gobernó al país durante 27 años, falleciendo de muerte natural sin que nadie pudiese derrocarlo, se decía que su lugar teniente, el “indio” Tarazona, era su consejero y guía sobre estas supercherías. Al igual Hitler, Chávez y Fidel Castro, siempre tuvieron un “brujo” a sus espaldas.
Samuel me comentó que líderes políticos muy destacados de la ciudad, acudían a una bruja que les “leía el tabaco” y que al parecer les había acertado todas sus predicciones, él lo sabía porque eran sus clientes. Le pregunté quienes más conocía que habían ido a su “consulta”  y me llegó a confesar que hasta el gobernador de aquella época era visitante asiduo de la bruja. Me insistió en que la mujer en realidad tenía “dones místicos”. Me dijo que la mujer no cobraba las “consultas”, que aceptaba la colaboración que quisieras darle.

Inmediatamente me vino la idea de ir a la “consulta” de esta señora, y así, de esta manera comenzar mi investigación  sobre estas creencias de las “artes ocultas”. En vez de bruja la llamaré  “la señora” . En contra de mis creencias religiosas, pero con la curiosidad que nace de la necesidad de conocer lo que se ignora. Me encomendé a Dios y fui.



La señora vivía en un barrio popular llamado “El Garabatal”, muy extenso, constituido por casas construidas por el gobierno, con calles pavimentadas e iluminadas, con todos los servicios, para esa época era un barrio sano.

Llegué a su casita, tenía una fachada adecuadamente pintada, el frente limpio, sin rastros de basura. Me fijé por donde se entraba, noté que una pequeña reja movible estaba abierta y daba hacia un pasillo en cementado, sin techo, que daba hacia un patio interior cubierto con granzón pequeño; caminé rápidamente para situarme frente a un cuartito de unos 3 metros cuadrados y techo de zinc, pintado  de verde oscuro por fuera y azul intenso por dentro. Recostadas hacia la pared de la casita, a uno de sus costados, al lado de una puerta de hierro que era su entrada, estaban unas tres sillas de metal, de aquellas portátiles que en aquella época utilizaban las agencias de festejo para alquilar en las fiestas.

Me situé al frente del cuartito, a pocos pasos de la entrada y observé que sólo había una señora, bien vestida, encopetada, que al verme trató nerviosamente de ocultar su rostro con un periódico que supuestamente leía. Su cara me era familiar, me causó risa su actitud infantil para disimular su presencia. De pronto la puerta se abrió y salió un hombre joven, también de apariencia distinguida, quien apresuró su paso y sin saludar caminó velozmente para marcharse hacia su vehículo.

Un rostro pequeño, apacible y limpio, con una sonrisa que mostraba una dentadura blanca y perfecta, se  asomó tímidamente, sin mostrar su cuerpo, era “la señora”, para invitar a la dama nerviosa que estaba en espera.

“La señora” me miró y me regaló su sencilla sonrisa y me dijo por favor que me esperara, que pronto me atendería. De manera que resolví sentarme, tomar el periódico que la dama había dejado y comencé a leerlo para no aburrirme: “Asesinado chofer de la Ruta 11 por pandilleros…”.

Un olor a tabaco barato se deslizaba entre las rendijas de la ventana que estaba detrás de mí, era el humo del misterio, y desde lejos se escuchaba, de una radio mal sintonizada una canción de moda que decía algo  así: “Yo digo lo que veo, corte la baraja y diga, por mi casa, por mi amor y por mi dinero… ¡fuera Satanás! …”

viernes, 1 de junio de 2018

Micro Relato .Un Cuento Sin Tiempo




Cuenta la historia de un tipo muy raro, que extrañaba a su esposa que murió hace años.

La memoria atormentaba a su alma, recordándola como si fuese ayer.
La piel, su perfume y la suavidad de sus labios, el calor de la vida en cada beso apasionado.

Las palabras grabadas del último adiós, los ojos empañados de alegría por saber que ese amor nunca moriría.

Y gritaba:
Memoria despiadada para qué sirves, sino está mi amada, no me tortures más, los recuerdos viejos no deben volver.
El hombre viejo vertió una lágrima, pues su deseo no podía ser, de ese gran recuerdo jamás se podía deshacer y sufriría hasta un nuevo amanecer.

Triste vivió el hombre viejo, recordando momentos en los que fue feliz con su amada.

El anciano, parado en el risco, donde la brisa golpeaba, su rostro reía al ver que fallaba, su espíritu iba buscando su amor y exclamaba:
¡Memoria ingrata, vuela de aquí, no vendrás conmigo cuando vaya a partir!
Esperando su vuelo, ya tiene el boleto para el viaje sin tiempo.

El viejo partió y a su memoria dejó, al otro lado llegó y con su recordada amada se encontró.

Ella le dijo: Aquí no hay presente, pasado o futuro, la eternidad es el sin tiempo que nos espera mi amor. Para siempre, por siempre. Sin agujas que marque el reloj, sin calendarios que indiquen tus días.

Entonces por Ley Divina, campanas y risas, abrazos y albricias, se unieron el niño-joven-viejo con su otra parte niña-joven-vieja, en otro universo distinto que nunca terminaría, en constante crecimiento. Jamás perecerá.
Pues el verdadero amor es así, sin tiempo y sin momentos, sin recuerdos y sin presentes…Infinitamente para siempre.

Alí Hernández Abrahan

jueves, 31 de mayo de 2018

Micro-relato: DIVORCIO INEVITABLE



Ella lo miró de soslayo, como si no existiera. Lo había amado desde su adolescencia y todavía lo amaba demasiado. Sus labios disfrutaban plenamente su contacto sensual, completamente orgásmico, era una delicia sentirlo, tantos años de complicidad en los momentos de angustia, de ansiedad, él sabía cómo calmar y aplacar su estrés. Así pensaba Paulina, una mujer de temple, con un carácter envidiable por sus congéneres. Siempre lograba lo que se proponía, lástima que con él siempre fue débil, muchas veces trató de dejarlo,  a veces por poco tiempo, pero apenas olía su perfume, doblegaba su férrea voluntad y caía nuevamente, dócil y sumisa a sus encantos.

Romper con él después de 40 años de convivencia le parecía una misión imposible. Un compañero que sería muy difícil de sustituir;  pero sabía que esa relación comenzaba a ser peligrosa. Lo que él le ofrecía, aunque era placentero, al final tendría sus consecuencias. Sus padres se lo habían advertido, sus amigos íntimos también, pero la atracción entre ambos, según ella, era de un magnetismo insuperable, se complementaban, era su obsesión, no podía estar sin él, ese gran amor tenía que terminar, ella  lo sabía, la estaba envejeciendo por culpa de sus encantos ocultos, 40 años de idilio demencial que hacían mella en su cuerpo.

Paulina tosió de nuevo, aspiró profundamente, exhaló el humo espeso y gris, viendo como se disipaba lentamente formando siluetas de muerte que la aterrorizaban. Carraspeó, luego escupió sangre, y no pudo evitar entre lágrimas, contener un sollozo violento que irrumpió el silencio de la sala de espera. Tomó aire, suspiró profundamente. Decidida, rompió drásticamente con esa unión idílica que la llevaría a la muerte sino lo lograba. Con sus dedos amarillentos estrujó de manera implacable contra aquél cenicero de piedra a su último cigarrillo, comprendiendo definitivamente que, su divorcio con él, era inevitable.


Alí Hernández Abrahan

martes, 3 de abril de 2018

¡Felizmente desdichados! Micro Relato (18)



Bertha y Laureano, 35 años de casados, los dos marionetas de la sociedad donde viven. Tienen dos hijos, una buena casa, dos automóviles y dos grandes apellidos heredados de sus rancias familias coloniales. Él ateo, ella fanática religiosa. Desde hace muchísimos años dejaron de tolerarse, uno duerme en un cuarto y el otro también, pero, desgraciadamente para ellos los dos se necesitaban, vivían convenientemente, no había amor, pero tampoco repudio. Inteligentemente aparentaban su unión, pero para nadie era secreto su gran desamor.
Laureano en el fondo era un gran cobarde, mejor dicho un cómodo acobardado, a sus 67 años le aterraba tener que empezar de nuevo; divorciarse, dividir sus bienes y no poder disfrutar nunca más de las comodidades y relaciones sociales y familiares que le aportaba su unión con su frígida y estirada esposa.

Bertha, a pesar de sus años, seguía siendo una mujer hermosa, elegante, de finos modales y vocabulario rebuscado. Ella en realidad nunca amó a Laureano, pero al ver que sus amigas se casaban y seguía solterona, decidió aceptar al ordinario Laureano que se babeaba por ella. En fin su esposo era un hombre bueno, de modales toscos, de palabra limitada, pero muy trabajador, responsable y leal. No se había ganado la lotería con él, pero estaba conforme, era la señora de un Gandolfi, y en esa sociedad de adulantes, bastaba para ser respetada…

Una noche calurosa, Laureano ardía de anhelos de caricias apasionadas, sediento de deseos carnales se atrevió a pisar la alcoba de su esposa, entró sigiloso a la habitación que alguna vez fue testigo de escenas pintorescamente románticas, llenas de erotismo que terminaban en un coito fugaz y extenuante. Una gota de sudor se deslizaba refrescante por su mejilla, sus labios resecos se empañaban frugalmente con su lengua tibia que buscaba el sabor de una mujer excitada.

Bertha se encontraba inusualmente desnuda sobre su cama, el calor la atormentaba, desafiaba a sus sábanas para que no la cubrieran y la dejaran libre para disfrutar de la tibia brisa que se colaba por la ventana.

Entre penumbras, Laureano avistó la figura sombreada del voluptuoso cuerpo su compañera. Se acercó tembloroso, ansioso, febrilmente excitado. Alargó su mano callosa y tosca para acariciar el pecho de su esposa. Laureano no poseía buena visión e imaginaba una figura erótica, joven y hermosa le aguardaba deseosa de sentirlo cual padrote equino, salvaje y relinchón, para hacerla feliz con su pasión.

Tantos años sin tocarla, sin disfrutar del calor de su cuerpo, Laureano explotaba en un éxtasis que no había sentido hacía muchos años. A su edad volver a sentir esa sensación era casi imposible. Bertha permanecía quieta, como que esperaba que eso pasara; como si aquella canícula extraordinaria fuese el detonante para hacer el amor. Laureano se encontraba totalmente concentrado en su intensión conyugal, montó el cuerpo de su mujer y lo poseyó ardientemente, sin desperdicio de tiempo, con el fragor de un luchador que tiene a su adversario contra las cuerdas, esperando el conteo del árbitro imprudente que obligaría a terminar la función, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1…¡fuera!

Fugaz y caliente terminó el round. Laureano, sudoroso y agitado, instintivamente fue a besar a su compañera, en gesto delicado de agradecimiento y de ternura por tan maravilloso momento. Bertha no se movía, sus ojos estaban asombrosamente abiertos, y con una leve sonrisa en sus labios, no había aliento, no había vida, se dio cuenta  que estaba definitivamente muerta. Bertha dejó de ser infeliz, pasó a mejor vida, ya no tendría que preocuparse a sus 60 años por divorciarse y partir bienes con su esposo.

Laureano, acongojado pensó que hubiese sido un nuevo comienzo  de su vida marital. Sonrió, al fin no tendrá que dividir sus cosas. Todo sería de él. No habrá divorcio para los dos. Pero Laureano, al levantarse y verla allí, fríamente desnuda, sintió que al fin fue feliz un momento con ella, y ella estaba dichosamente muerta. ¡Felizmente desdichados!

ALI HERNÁNDEZ ABRAHAN

sábado, 17 de marzo de 2018

Micro-relato . (16) El Viaje




Caminó pesadamente hacia el automóvil, casi arrastraba sus pies, pero a pesar de todo no se amilanaba por los obstáculos propios o extraños que se le presentaban, andaba erguido, a pesar de su lentitud no dejaba la impresión en el viento, sabía hacia donde iba, mejor dicho hacia donde lo llevaban. Don Hermógenes disfrutaba mucho sus paseos dominicales en el pequeño carro de su hijo, un sedán asiático de 4 cilindros que lo conservaba siempre listo y apropiadamente limpio. Cada arruga de su rostro parecía desaparecer por arte de magia, cuando la brisa intrépida se colaba fría sobre su vetusto rostro, arrugando más aún su frente amplia y achicando sus ojos levemente azules.

Don Hermógenes instintivamente  agarraba su fina gorra de lana gris, porque el ventarrón que lo arropaba, amenazaba con quitarle esa prenda tan querida, que le había regalado su nieto adorado, y que ya no volvería a ver pues había emigrado al fin del mundo. Su hijo Arsenio trataba de complacerlo, quería que su padre se sintiera a gusto, sabía lo que le gustaba esos recorridos domingueros, por las calles angostas de su amado pueblo, trataba de identificar a través de la ventana cuando iban pasando, a las  antiguas edificaciones que le traían recuerdos gratos de su juventud junto a su amada familia. Pero Don Hermógenes comenzó  a comprender que este nuevo paseo tenía características distintas, su hijo le había colocado música de la época de su juventud, se emocionó mucho, sus ojos se lavaron quedamente  con las lágrimas escasas que salieron impertinentemente. No necesitó limpiarlas, la brisa las secó rápidamente. Tarareaba sus canciones, las estrofas eran casi siempre incompletas, “Adiós muchachos compañeros de mi vida…taratatata , hoy me toca a mí emprender la retirada….” Y así la canción entrecortada dentro de su mente agotada, vislumbraba un caminito que hace tiempo, pero mucho tiempo, lo vio pasar.

A sus 96 años le pedía a la vida su muerte, ya había vivido demasiado, su mente disparataba  a veces pensamientos insensatos, los trasladaban a épocas remotas de felicidad inconclusa, pasajera, no sabía si vivía un sueño, o si estaba muerto, una  paz inexplicable embargaba en silencio su memoria, el caminito empezó a cambiar, le parecía familiar aquella hilera de sauces llorones que como abanicos tristes despedían a los que por allí pasaban. Era tiempo de partir…pensaba. De pronto la caravana de carros negros paró frente a una parcela de tierra recién removida. Don Hermógenes despertó sobresaltado, oyó una voz conocida… -¡Abuelo!- musitó llorosa una linda jovencita.-“Baja del carro, para que despidamos a mi papi a su último viaje”. – Terminó la frase abrazando fuertemente a su querido Nono. Don Hermógenes se acercó al ataúd que recién habían sacado del carro fúnebre, y dijo: “Adiós hijo, el boleto para ese viaje era para mí, ¿Por qué me lo quitaste?..” Frustrado… lloró en silencio.

ALI HERNÁNDEZ ABRAHAN