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lunes, 10 de febrero de 2020

¡TUS OJOS!



Brilla tu alma a través de ellos,
Iluminas a quien te admira,
Hablan sin palabras,
Lo dicen todo…


Tus ojos, tu mirada
Alegran mi vida
Y en espíritu me bañan,
Limpiando toda mi alborada.


Tus ojos son…


Luz de estrellas,
 calor de amor,
Sol de mis caminos,
Fogata de mis noches.


Tu cándida mirada
Endulza  a tus niños,
Maestra de corazones.
Lecciones de amor que nunca olvidan
 
No importa cuántos años tengan,
Tus ojos …
¡Amada mía!
Vibran en mis sentimientos,
Infinitos mil amores
Tus almendrados faroles,
Bellos, hermosos, lindos
Alejando temores.


Te regalo hoy esposa mía,
 A tus antorchas De cándido calor, 
Un soplo de amor Que será eterno,
Que avivará por siempre nuestro idilio
en un poema lleno de candor.



 Alí Hernández Abrahan

lunes, 20 de enero de 2020

Emigrante

Me fui…no sé si volveré,
no está en mí tal decisión.
Voy por ahí,
Regresar no depende de mí,
me fui a buscar lo que tú quieres de mí.
No sé si lo hallaré,
tal vez sí lo pueda ver.

Me fui, nunca te olvidaré,
tal vez regrese,
no lo sé.
Perdona si te herí,
no fue mi intención,
puesto que  herido yo me voy.

Tal vez mis pasos tengan memoria,
y regresen sin mí.
Tal vez mi memoria no haya salido de allí.
Me fui, no quiero ser tu tristeza,
ni que tú seas infeliz.

No quiero ser culpable
de lágrimas sin fin.
Me fui, ojalá y seas feliz sin mí.
Que tu soledad no vaya tras de mí,
y encuentres compañía digna de ti.

Me fui, estoy sin equipaje,
Pues todo te lo dejo a ti.
Mis últimos sentimientos de amor…
Te los regalo…
Pues no quieren venir.
Pasos y pasos oigo sin fin.
Caminos largos y solitarios tendré que cubrir,
Al final…no sé… 
Terruño amado, pues,
¡Ahí no he de morir!

Alí Hernández Abrahan

domingo, 27 de octubre de 2019

Otra Historia del Conejo de Pascua


(Cuento Infantil)


Dedicado especialmente a mis nietos: Daniela Valentina, Alondra Isabel, Sergio Alexandro y Rodrigo Andrés





El abuelito contador de cuentos es un viejito sabio, pero muy viejito, tanto así que él mismo olvidó su fecha de nacimiento.

Tenía una larga barba blanca y vestía un largo saco de lana color verde, también en su cabeza canosa utilizaba un singular sombrero anaranjado que asemejaba una zanahoria fresca.

El Abuelito aparece solo en época de Navidad, sobre todo en donde jueguen niños felices y buenos, que merecen como premio a su conducta que él les cuente está hermosa historia.

¿Cómo es posible que un conejo regale huevos, si los conejos no son gallinas?

“Bueno niños aquí les voy a contar cómo fue todo, porque el mismo Conejo de Pascua me lo contó a mí”, dijo el Abuelito con mucho entusiasmo.

“Cuando yo era apenas un niñito como ustedes, buscaba mis huevos decorados, dulces y chucherías que el Conejo de Pascua me había traído y escondido en el bello jardín de mi casa por ser un niño bueno,  que obedecía siempre a mi papá y a mi mamá, pero también le hacía mucho caso a mi maestra y profesora, porque si no lo hacía, El Conejo no me traería los ricos dulces que tanto me gustaban.

Como  en todas las vísperas a la Navidad, el día del Conejo de Pascua en mi hogar, todos esperábamos impacientes salir a nuestro verde jardín en donde habitaban muchas plantas de diferentes flores que adornaban coloridas y festivas al patio alegre de mi casa.

Bueno- continuó contando el abuelito- entré entusiasmado en búsqueda de los dulces que El Conejo de Pascua había dejado escondido entre los rincones de nuestro jardín.

 Caminaba atento a cualquier detalle que me permitiera descubrir el tesoro de los huevos decorados y brillantes que tanto me gustaban, de repente, fue grande mi sorpresa cuando se apareció El Conejo de Pascua, que siempre está invisible para que no lo agarren los niños malos, ni los perros ni los gatos que le gusten comer conejos.

Me impresioné al verlo, era un Conejo hermoso, con un pelaje totalmente blanco como la nieve, era mucho más grande que los conejos que yo había conocido, movía sus bigotes de manera constante y nerviosa, sus ojos negros e intensos transmitían paz y serenidad, de manera que me tranquilicé inmediatamente, me quedé mirándolo fijamente hasta que me empezó a hablar.

Me dijo muy cortésmente que por ser un niño que siempre me portaba bien,  obediente, hacía todas mis tareas,  buen amigo, no hablaba mal de nadie, no le gritaba a la gente y comía todos los alimentos que mi mamá me preparaba, había decidido contarme su historia. Y comenzó de esta manera:

“ Hace mucho, pero muchísimo tiempo, cuando San José y La Santísima Virgen María estaban en el pueblo de Belén, esperando en un pesebre de ovejas que el Niño Jesús naciera, El Padre Dios Celestial le  avisó a todos los animalitos que estaban cerca del pesebre,  fuesen a cuidar al Niño Dios que estaba por nacer.

Y cada animalito obediente a Papá Dios se acercó al pesebre para mostrarle a la Santísima Virgen María cuanto amaban a su bebé. Fueron llegando poco a poco, regalándole cada uno su talento.

El Ruiseñor llegó y le cantó una bella melodía con su trinar de oro, luego llegó el Gallo y le cantó su alarma madrugadora, una hermosa vaquita le trajo leche fresquita, vino la cabra montuna y le trajo el queso de su leche, así sucesivamente cada animal le daba un regalo al Niño Dios por nacer.

Todo iba bien, contentos estaban todos, hasta que apareció una serpiente, una culebra brava porque le habían quitado sus patas y tenía que arrastrarse, buscaba venganza, comiéndose al Niño Jesús.

Un conejo que estaba cerca, pero que no sabía aún que regalarle al Niño, vio que la culebra se acercaba y le dijo a la gallina que traía muchos huevos de regalo, que se los diera para tirárselos a la serpiente y así poder espantarla.

La gallina no dudó en aceptar la propuesta del conejo, y le dio todos sus huevos. El conejo los tomó y con su veloz carrera, muy rápido se acercó a la culebra y le lanzó todos los huevos en su cabeza, sin darle oportunidad que ella lo mordiera. La víbora asustada huyó espantada por la lluvia de huevos que le cayó en la cara.

Así el Conejo se convirtió en el héroe de ese día, salvando al Niño Jesús de la malvada serpiente.



Papá Dios observó todo lo que hizo el Conejo desde el cielo. Entonces lo llamó y le dijo: “Bendito eres Don Conejo, salvaste a mi Hijo de la peligrosa serpiente, por eso todos los años, hasta la eternidad, les llevarás a todos los niños y niñas del Mundo, dulces de regalo y huevos decorados, pero debo advertirte Conejito, siempre serás invisible para que no te atrapen y estés a salvo de los niños malos, solo te podrán ver los niños y niñas que se porten bien, sean  obedientes y hagan todas sus tareas. De ahora en adelante todos te llamarán Conejo de Pascua, porque aparecerás cuando la gente del Mundo comiencen a celebrar el nacimiento de mi Hijo, el Niño Jesús, y su paso por La Tierra”.

 Entonces el abuelito cuenta cuentos les dijo: "Así mis queridos niños, es por eso que El Conejo de Pascua les dejará a ustedes un regalito de dulces y hermosos huevos para que los disfruten y se acuerden siempre de ser buenos con Papá, Mamá, los hermanos, los amigos, las Maestras, profesores y abuelitos como yo, que estamos viejitos y necesitamos mucho amor”

¡Hasta el próximo cuento niñitos! ¡Ahora saben porque el Conejo de Pascua regala huevos y no es gallina! les dijo el viejito cuenta cuentos despidiéndose con una sonora carcajada desapareciendo ante sus inocentes ojos.


Autor
Alí Hernández Abrahan











viernes, 21 de junio de 2019

Azul de mis amores

Porque Azul es el sustantivo
que sustenta mis sensaciones.
No pueden ser verdes, ni amarillos,
menos rojos que me imaginan
 desilusiones.
Le pido a Rubén Darío
 que me perdone,
Pues no es de su propiedad
el Azul de mis amores.
Amo profundamente
 el mar de tus canciones,
El Azul de tu mirar
 que a tu cielo me transporte.
Añoro el frío Azul
del invierno cálido de tus labios,
El Azul de Primavera
 que respiro con la brisa,
Y de tu hermosa sonrisa azulada
Que me envuelve en alboradas
de precipicios sin prisa.
Un alma Azul que se desliza
entre tus cabellos dorados,
que esconden temerosos
las nieves de tus años
azulados.
¡Oh Picasso! Que figuras azules
en época dibujaste,
transparencia de tu arte
 que nutrían tu pastel,
enamorarse de tu lienzo Azul,
quisieron muchos, pero al final
dejaste lo abstracto de tu vida,
Cubismo de túneles ambigüos,
Que disiparon tu paleta
Y tu afinado pincel.
Azul es mi Planeta,
Mi firmamento Divino,
Azul mis venas poéticas
por eso ¡Azul te escribo!

Alí Hernández Abrahan

miércoles, 31 de octubre de 2018

La Magia de La Música ( Micro -Relato)

(EL LECTOR DEBERÁ OÍR LOS VIDEOS PARA ENTENDER MEJOR EL CUENTO)



"Este es un cuento o tal vez mi vida. Soy músico, compositor y un poco loco".  Así pensaba Raúl Ramírez, tenía ya 75 años. El Otoño era su estación favorita. En su silla de ruedas ya gastadas y con sus manos huesudas, rodaba hasta la vetusta ventana de madera rancia y noble, que enmarcaba el paisaje del bosque que siempre le inspiraba. Su amigo Alfonso, de su misma edad, escritor aficionado, siempre lo visitaba cuando su reloj marcaba la hora nona; los dos adultos, compartían sus vidas en la soledad de sus existencias  ermitañas.

Cansados de sus vidas, escuchaban la radio, o buscaban un disco long play de vinilo negro un poco rayado y lo colocaban en su toca disco para oír sus canciones favoritas, a veces la escuchaban una y otra vez mientras bebían ceremoniosamente un rico coñac español que parecía  nunca acabar.

-Raúl- exclamó Alfonso para lograr la atención de su entrañable amigo-  Pienso que cada vez que oímos está música nos rejuvenecemos, mi espíritu se traslada a esos años de adolescencia, recordando la época que disfrutaba, a pesar de los sinsabores que a veces teníamos, siempre nos parece maravilloso revivirlo. El otoño marcó mi vida.

 Ahora estamos en esa estación, de un color envolvente, cuando la brisa arrastra las hojas como la música nuestros recuerdos, vuelven a la tierra como la memoria, para nutrirla nuevamente. Dios nos dio memoria para que disfrutemos de nuestro pasado y no nos olvidemos de sus bendiciones presentes en nuestras vidas, sobre todo la longevidad que a veces nos parece letal pero que al final es la contemplación de nuestros actos, buenos y malos, cada uno con una canción que nos acompaña.







-"Así es mi querido Alfonso"-  le contestaba Raúl  entusiastamente - "A pesar de nuestra edad las canciones nos conservan jóvenes". - Hizo una pausa, tomo su copa y saboreó en su boca el perfume de su bebida preferida-

"Amigo mío"- continuó su idea- " la música tiene un poder mágico sobre las personas, el Hombre reacciona ante ella por que es un Ser espiritual, antes que padres fuimos hijos, nuestra vida es única, y nunca debe ser igual a la de nuestros hijos. Cada hijo será padre de su ejemplo, pero no podrá ser ejemplo de su padre.Contempla a nuestros hijos, ya mayores, casados, con sus familias, cada quien distinto, a pesar de repetirles nuestros consejos, cada quien hizo lo que tenía que hacer. Sólo ellos son responsables de sus vidas, como también lo fuimos nosotros.







Los dos amigos , se miraron fijamente por un momento y escuchando la canción, no lograron contener una traviesa lágrima rodara impertinente sobre sus mejillas. Ambos habían enviudado hacía años pero el amor hacia sus esposas era inviolable al tiempo, sus memorias recorrían cada momento feliz con aquellas mujeres que significaron la razón de vivir, más allá de sus amados hijos, esas mujeres que los amaron profundamente, un amor que nunca terminó y que cada día añoran, imposible repetirlo, eternamente inolvidable.

Terminaron de escuchar la canción, había tristeza, sus ojos perdidos en sus pensamientos, sus almas rendidas al sentimiento perdido, el amor ya no está en sus vidas, ni sus hijos ni sus nietos lo llenan, es otra clase de amor, el que nos duele distinto, el que recuerdan cada hora de sus vidas. 

Alfonso se acercó a Raúl con una caja de madera oscura, y abrió su tapa lentamente. Raúl observó su contenido, volteó su mirada a su amigo entrañable y asintió con su cabeza de manera decidida. Raúl tomó su contenido dándole a su compañero lo que le correspondía. Estaban comprometidos con ese acto, cada uno con lo suyo, volvieron a mirarse, esta vez complacidamente. Una sonrisa de resignación. Un suspiro de alivio. Raúl colocó la caja vacía en la mesita cercana a su silla y se dirigió a buscar la canción mágica que los induciría a sus sueños. Tomó la carátula del mismo, la limpió cuidadosamente, sacó el long play, lo sopló como acostumbraba para quitarle algún polvo rebelde y lo colocó pausadamente en el viejo toca disco.



Mientras oían la canción, sintieron algo misterioso en sus cuerpos, sus pensamientos se cruzaron, tenían miedo, el pulso incontenible se les aceleraba. Las notas de la canción fluían como lava de un volcán ardiente, fogoso. Sus voluntades ya estaban comprometidas. No había vuelta atrás, era el pacto que habían hecho. Tomaron las pistolas y las llevaron  a sus bocas. El último sonido de sus vidas, fue la de un disparo simultáneo que segó sus existencias para siempre. Aunque sea mágica, a veces, la música nos entristece.



ALÍ HERNÁNDEZ ABRAHAN

viernes, 12 de octubre de 2018

LA VIDA ES…!





La Vida es…Algo misterioso, que a pesar  de Ser, su existencia es para ver.
¿Dónde estamos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?

La Vida es…Sabrosa, amarga, agridulce, salada, salpicada de amigos y aderezada de enemigos.
Sollozos, lágrimas y lamentos.

 La Vida es… Muerte, desolación, sufrimientos y agonías.
 Inconformidad, pobreza y enfermedad.

La Vida es… Envidia, orgullo, saciedad, egoísmo y maldad.

 La Vida es…Vibración, energía, amor y riquezas.
Bondad, altruismo, honestidad y bríos.

La Vida es… Sonrisas, risas  y carcajadas.

La Vida es para cada quien
Un camino finito con muchas experiencias.
Para algunos,  autopista de la suerte.
Para otros, camino rural lleno de piedras sin dolientes.

¿Para qué vivimos? Nos preguntamos.

¿Por qué morimos? Lo sabemos, es la Ley, naces y mueres
y volvimos a nacer en cada hijo, en cada nieto que lleva nuestra sangre.

La Vida se prolonga sin saber por qué.

Pero la Vida estará siempre, allí en ese Ser,
Que lleva tu sangre, es allí, donde los humanos se unen y se convierten en Uno sin querer.

La Vida es entonces la experiencia física de los sueños que quisimos tener.

La Vida es un poema, cuyos versos son altisonantes, la rima la pone Dios … Y el ritmo lo pone uno.

                     







                            ALI HERNÁNDEZ ABRAHAN

viernes, 5 de octubre de 2018

La Suma Cuántica MICRO-RELATO



“Utopía, 5.000 vidas pasadas”…Aunque ahora somos espíritus, seres de energía lumínica del Amor Supremo y la perfección es nuestro eterno vivir, escribo  con mi mente este sentir.



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Miles de vidas tuve que sufrir para aprender lo que era realmente la vida, en esta dimensión impensable tengo el privilegio de ver lo que fui, veo a los seres de carne y hueso que me sirvieron para tal fin.

Poco nos falta a los que vivimos aquí, llegar al último escalón de la existencia para integrarnos a la morada final, donde la nada no existe, donde la mente deja de pensar como un yo y se convierte en un “Uno” que nos funde con “el Origen del Todo”.

Hace 3.000 años terrestres, que apenas son unos segundos en esta dimensión, donde nos parece que hace solo un momento fuimos hombres y teníamos un cuerpo que nos permitía sentir sensaciones inalcanzables en el estado espiritual. Apenas unos minutos antes estuve casado mil veces, siempre con el deseo de entender lo opuesto a mi esencia, conocer al amor hacia otro espíritu, hasta no comprendía que la meta era integrarnos y ser “Uno” alguna vez, hasta el final, esta matemática del Universo cuántico en donde 1+1:1.

Sin esa fusión espiritual, no se logrará nunca avanzar, lo espiritual es indiferente al sexo genérico, se manifiesta, se manifiesta sin distinciones, no hay edad ni género, simplemente espíritu, el amor es el amor, la mayor fuerza cohesiva del Universo, todo lo mueve en busca de esta perfección.

Cada partícula que  compone el Universo está impregnada de la fuerza del amor. Todo fue creado desde siempre, el tiempo no existe, es solo una concepción del Hombre para explicar su incomprensión ante las maravillas y misterios que se le presentan. Todos los objetos creados tienen espíritu. Los planetas son seres con espíritu, viven de acuerdo a lo dispuesto por la Gran Ley del Amor.

El Universo se re-crea constantemente con las mismas partículas que mutan según las vibraciones que disponga ese Ser Supremo que todo lo mueve. “Soy el hijo de la tierra y el cielo estrellado pero mi verdadera raza es del cielo” frase de un antiguo texto de la sabiduría griega, o cuando Heráclito decía “Ni aún recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del alma, tan profunda y vasta es”. La conciencia es el núcleo espiritual del alma, Max Plank, físico cuántico la consideraba como algo fundamental de donde se deriva la materia, todo lo que existe lo postula la conciencia. “Pienso, luego existo” como dijo Descartes. En otras palabras la mente, lo que pensamos es la responsable de lo que vemos.

Y para terminar en mi reflexión sobre lo aprendido esas mil vidas recuerdo también lo que dijo el famoso neurofisiólogo Sir Jhon C. Eccles “Debemos reconocer que somos seres espirituales con almas que existen en un mundo espiritual, así como seres materiales con cuerpos y cerebros que existen en un mundo material”.

En esta existencia etérea, de este lugar llamado Utopía, donde somos amados y queridos de manera inmensurable, donde nos sentimos parte irremplazable del Todo, y a la vez inseparables, no hay miedo, no hay temores, somos parte del UNO, del Omnisciente, somos indudablemente dioses.

Esta carta es  testimonio de mi aprendizaje de ese viaje que estoy a punto de culminar, reencontrándome definitivamente con mi gran amor…!
¡Tiberio! – se oyó el grito autoritario que hizo eco en los refinados oídos del viejo escritor, interrumpiendo su trance meditabundo al terminar el último capítulo de su última novela.

Tiberio dejó su pluma sobre el amarillento cuaderno donde realizaba sus borradores con desánimo. Se levantó pausadamente, caminó algunos pasos tratando de pensar en lo que quería su esposa, contestándole con su ruidosa voz, alzándola a los decibeles adecuados para que su mujer lo oyera- ¿Qué quieres mi amor? – terminó de gritar en espera de la respuesta de su amada esposa.

-¡Vienes a la cama o me pongo a ver televisión! Contestó con voz ansiosa y agitada. El viejo escritor Tiberio Pérez,  asomó tímidamente su cabeza para atisbar la escena que lo esperaba, viendo a su mujer con rollos en la cabeza y unas máscara de color indefinido que le formaba la crema mágica que la embellecería algún día, cuando su problema óptico se agravara, y no pudiera apreciar en su espejo los surcos que poblaban sus mejillas que describían sus años bien vividos.

Tiberio, se escondió tras el marco de la puerta, sonrió con una mueca de satisfacción, mientras pensaba-“Cuánto me falta para aprender esa complicada matemática cuántica, UNO MÁS UNO ES IGUAL A UNO”



ALÍ HERNÁNDEZ ABRAHAN

viernes, 28 de septiembre de 2018

PSIQUIS( CUENTO CORTO)



Allí, en esa sala, áspera, de colores disueltos, sin gracia, ni gusto; Alberto observaba, siempre allí, con su cara petrificada, inamovible, sin hablar…simplemente miraba. Cómo habían pasado los años, lo poco que cambiaba en el ambiente, era un soplo de polvo que a veces, sin su permiso lo arropaba, tenue y palpable, síntoma de su poco avance, él siempre fue una persona íntegra, idealista, sin ambigüedades éticas, defensor de la vida y de sus breves encantos, ese  polvillo en su traje apenas lo incomodaba. No era fácil para él. Alberto sentía que no envejecía, como si al tiempo no le importara.

En un principio todo tenía que ver con él, lo miraban, le hablaban, sus hijos lo tomaban en cuenta, lo tomaban y abrazaban con lágrimas entre sus mejillas, salpicadas a veces de risas involuntarias por ese amor siempre presente a pesar de sus rencillas.

Cuando su hija mayor se acercaba a hablarle, Alberto se estremecía de amor paterno hacia el primer fruto de su sangre, la amaba profundamente, al igual que sus otros hijos,  sentía entre sus brazos que ella  lo amaba con descargas de sentimientos encontrados. Ella lo miraba fijamente y le reclamaba lo duro que fue con ella, él pensaba que si no hubiese sido así, ella no sería la mujer que era, con temple, decidida, con un carácter firme que la ayudó siempre a ser determinante y a cumplir con sus metas. Pero, callaba, ella algún día lo comprendería.

En esos encuentros abundaban los silencios de hastío, los cristales de lágrimas llenos de arrepentimiento tardío. – Papá – era la palabra que salía quedamente de sus labios, conteniendo un sollozo que ahogaba ese gran amor hacia Alberto. Él solo la miraba pasivo, queriendo abrazarla sin poder hacerlo. Pensaba, y con temor a que escuchara sus pensamientos “Hija, no sabes cuánto te amo, pero aprender a ser padre es muy difícil, trae una mezcla de gran felicidad, pero también de mucho miedo, el temor de fallarte, de hacerte daño sin querer, de cubrir todas tus necesidades, dándote siempre lo justo para que nunca pecaras de vanidosa ni de egoísta, para que tu corazón siempre perdone y ame sin límites y seas un gran ser humano.

Su hija lo miraba, suspiraba hondamente, como absorbiendo esos pensamientos invisibles, inaudibles, pero que por magia filial llegaban a su corazón, haciéndole recordar lo mucho que lo amaba. Esa conversación de corazones, de espíritus unidos por la sangre, siempre terminaba con un beso de ella hacia él, dejándolo solo en la sala.

A veces pasaban los días y llegaba su hijo el duro, a el que le decía muchas veces “los hombres no lloran”, pero su hijo era como él, de sentimientos a flor de piel, que amaba profundamente a su esposa y a sus hijos. Cuando lo iba a ver, se sentaba frente a Alberto, se miraban largamente en silencio, sabiéndose ambos cómplices de una amistad entre padre e hijo, diferente, con una admiración profunda, ambos se amaban con respeto. Siempre su hijo iniciaba la conversación. – Papá, sabes, hoy me ascendieron en mi trabajo, las cosas van muy bien…Gracias a ti, siempre siguiendo tus consejos…Gracias viejo; terminando la conversación con su acostumbrada frase mágica de veneración a quien tanto ama “Bendición papá”.

Alberto sentía un especial orgullo por su hijo, desde muy joven fue un gran trabajador, responsable e inteligente, ahora convertido en un excelente padre, esposo y hermano, muy independiente siempre. Su hijo lo estrechó entre sus manos despidiéndose con un beso. Cuando se iba, Alberto lo bendecía, al igual que hacía con sus amadas hijas.

El día transcurría, la sala en silencio. La luz del gran ventanal que entraba en la mañana, se reflejaba en el rostro de Alberto, que plácidamente se calentaba, le agradaba mucho esa hora del día. Sentía  que esos rayos lo vitalizaban, lo recargaban, aunque él no se movía.

Así pasaban las horas, hasta que la pequeña aparecía, era la última, la que Dios le regaló cuando menos lo esperaba, con ella recibió la última bendición como padre que El Supremo le envió. Fue como un renacer de su Ser, pero también un gran reto como hombre, ya era viejo cuando ella llegó, creía que estaría pocos años con ella, tal vez, de sus hijos, la que  mejor lo conocía. Ella fue en una época su compañera de trabajo, sabía realmente cómo era su papá; cómo lo apreciaban las personas que trabajaban con él, así como algunas lo envidiaban, o porque no respondían a sus exigencias y disciplina en el trabajo.

Ella era la que más admiraba y respetaba a su papá. Alberto tenía una gran debilidad por ella, pues era su hija más dulce y cariñosa con él, ese afecto especial que necesita todo ser humano, sobre todo en la vejez.

 Cómo le alegraba el día cuando ella lo visitaba y se sentaba frente a él y le decía, “Papá te amo, te quiero mucho, y te doy gracias por todo lo que me enseñaste, cada lección tuya la llevo en mi corazón y nunca se me olvidan. Eres un gran papá, luego ella lo besaba muchas veces, despidiéndose con la bendición, esa palabra divina que une corazones, no importa donde estén las personas que la pronuncian o la escuchan.  Alberto los bendecía siempre y le daba gracias a Dios por sus hijos, un regalo de la vida que siempre disfrutó.

Su mujer a quien siempre amaba, lo veía, allí en la sala, siempre esperándola. A veces se acercaba cuando el remordimiento la acosaba, hablaba con él, le pedía que la perdonara, se  miraban por largo rato, el silencio era terrible, como leyéndose el pensamiento ¿Qué pensaba ella? Se preguntaba. ¿Por qué envejece tan rápido? ¿Por qué sentía que ya no la deseaba como antes? Allí en esa sala, veía como pasaban sus hijos, sus amigos, había cierto misterio en ese lugar que él aún no se explicaba. Hasta que un día, vio a su mujer encanecida, pero con mucha gracia y belleza, se acercó hacia él, lo tomó entre sus brazos y le dijo con nostalgia.- Alberto, no quiero seguir envejeciendo sola, hace ya años que partiste y me he encontrado un nuevo compañero, aún te amo en el recuerdo venerado, lo siento amor, la vida hay que vivirla.


-.Terminó sus palabras llenas de emoción, sentía descargar toda esa angustia que tenía por ocultar esa nueva relación. Lo miró con sus ojos cubiertos de la lluvia del alma, esa que solo sale cuando el corazón se agita. Miró a su alrededor para ver si alguien los observaba, colocó con mucho cuidado y cariño el retrato de su esposo en la mesita de la sala, lo limpió despacio con la manga de su blusa y lo miró con un nudo en la garganta.
Allí en ese momento, Alberto comprendió que solo era un retrato con psiquis, con alma, que nunca quiso abandonar su casa.

ALI HERNÁNDEZ ABRAHAN